- El objetivo es aprender y conocer más de cerca cómo intervenir de manera resolutiva en una catástrofe como la sufrida en la isla en 2021.
- El equipo de Distribución de Canarias mostró al balear la instalación de canales prefabricados por donde discurren los cables para evitar que les afecte el calor.
El pasado 16 de julio el equipo de e-Distribución de Endesa en Canarias, liderado por Carlos Lafoz, recibió a su homólogo de Baleares, Carlos Ferrer Camps, quien llegó acompañado de su grupo de trabajo para aprender y conocer más de cerca cómo intervenir de manera resolutiva en una catástrofe como la sufrida en la isla de La Palma con el volcán Tajogaite.
El volcán de Tajogaite entró en erupción en septiembre de 2021 y destruyó gran parte del Valle de Aridane, en el oeste de la isla. Barrios enteros, con sus edificios y carreteras y todo tipo de instalaciones, quedaron sepultados bajo un manto de lava en una emergencia que duró cuatro meses.
Ambos equipos de trabajo de Endesa contaron con el responsable de Distribución en La Palma, Fernando Capote, quien los acompañó por los puntos clave de la isla, como Las Breñas, donde en breve se iniciarán las obras para construir una nueva subestación.
La representación balear también pudo observar desde el mirador de Tajuya el mar de lava expulsada por el volcán y parte de los destrozos que provocó en la zona.
A continuación, se trasladaron juntos al centro de reparto de Tajuya, que en su día fue totalmente sepultado por la lava, pero que ya ha sido reconstruido y desde hace más de dos años funciona a pleno rendimiento.
También pudieron observar las conexiones subterráneas de 20.000 voltios instaladas sobre la lava y algunos recursos creativos realizados por el equipo de Distribución de La Palma durante la erupción para garantizar que la isla no se quedara sin luz. Por ejemplo, como solución técnica pensada durante aquellos días se mostró al equipo balear la instalación realizada entonces de canales prefabricados por donde se metieron los cables para evitar que les afectase el calor de la lava, así como la ventilación artificial que se instaló para evitar que el cableado se derritiera por las altas temperaturas del suelo, que llegaron incluso a derretir postes.
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